Mejor dicho, por ser jubilados no hemos perdido la capacidad de ser útiles a la sociedad.
Porque carga somos todos, pues todos tenemos necesidades que atender. Pero también podemos tener mucho que dar.
Claro que para darnos cuenta de eso, deberemos aprender a valorar primero las cosas cuyo intercambio no se hace por dinero. Y pensar que no sólo es útil el trabajo que nos demandan, sino que puede ser de muçho más valor el que ofrecemos generosamente y, curiosamente por ello, nadie te agradece.
Cuando termina el periodo de vida laboral, en muchas ocasiones es cuando aparece la verdadera personalidad del trabajador, su creatividad y sus motivaciones, libres ya de la necesidad de ganarse el sustento.
No nos parece que el "júbilo" deba ser por la posibilidad de no hacer nada, sino por la posibilidad de hacer lo que nos parece y como nos parece. Pero nunca creernos que es el momento de no hacer nada, pues también tenemos obligación de contribuir al bien común: ya se sabe, "de cada cual según du capacidad, a cual según sus necesidades y si trabajo". Esta la mejor justicia social que se nos ocurre.
Porque todos tenemos necesidades, y algunos tenemos necesidad de una ayuda especial, pero eso no quita que sea de buen estar en el mundo, sa agradecerla y, aunque modestamente, compensarla.
Como decía José Menese:
Me está pareciendo a mi
que hay quien no lleva su carga,
que hay quien no lleva su carga,
porque los más aliviaos,
porque los más aliviaos,
sobre más carga, descargan,
sobre más carga, descargan.
Puede que necesitemos más ayuda" a medida que cumplimos años, pero también puede ser verdad que, con el paso del tiempo, los beneficios de nuestras aportaciones a la sociedad, aumentan, y a veces, son superiores a lo que aportaron al principio.