Los contenidos de este blog van desde la Psicología a la Antropología, pasando por la Historia o la Pedagogía. Esta mezcla abigarrada de disciplinas y temas tiene para mí un sentido claro y este sentido es que todas ellas son ciencias sociales o humanas, intensamente interconectadas unas con otras, debido a que todas ellas tienen un común objeto de estudio: el ser humano. Aunque cada una de ellas tenga su propia metodología e instrumentos de trabajo y de análisis, que les otorgan su propia personalidad.
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sábado, 20 de julio de 2024

Carisma

      Se suele considerar el carisma como uno de los rasgos esenciales del liderazgo. Los otros: capacidad para tomar decisiones en beneficio del grupo, empatía con los demás miembros... y muchas otras exigentes cualidades, que si no tiene carisma, jamás conseguirá ser un verdadero líder.

     Se trata ésta de una cualidad difícil de definir y mucho menos fácil de describir, es in-entrenable y es amoral, porque puede poseerse sin exigencia de conducta bondadosa. En el sentido de que tener carisma no implica ser mejor persona; sino que simplemente son capaces de ganarse la voluntad de otras personas.

     Hay intrusos en la psicología, que se autodenominan couchers o entrenadores personales, a veces consiguen efectos terapéuticos aparentes con su carisma, pero que sólo son placebos, que conducen a laberintos de los que es muy difícil salir. Son como magos que arrojan sus varas, pero éstas sólo se convierten en vagas imágenes ilusorias.

     En la vida pública ocurre algo parecido: nos d encontramos líderes políticos que apenas aportsn nada positivo a la sociedad. Nos encontramos "influencers" de pésima "influencia".

     En todos estos hechos observamos la superficialidad de muchas fobias y filias.

lunes, 11 de mayo de 2020

La sociedad de la inmediatez

     Cualquiera que haya viajado con niños, en algún tipo de vehículo, habrá tenido que soportar el continuo interrogatorio monocuestión: ¿falta mucho para llegar?. Esta impaciencia de los niños tiene mucho que ver con la falta de madurez de su sistema nervioso (el cuál no maneja suficientemente la dimensión tiempo) y de su baja tolerancia a la frustración, fruto de lo precario de su proceso de aprendizaje.
     Los adultos, en la sociedad contemporánea de la inmediatez actúan en cierta medida como los niños impacientes. En este caso no existen razones neurológicas o madurativas: es que han sido entrenados para ello. Si quisiéramos buscar razones, posiblemente habría que rastrear sus raíces en el mercantilismo, el cuál se basa en el incremento del valor de sus mercancías merced al paso por los intermediarios, de forma que cuanto mayor es el número de intermediarios y/o de mercancías, más se incrementa el precio de los productos (no su valor) y como consecuencia el beneficio del comerciante que gestiona y multiplica ese trasiego. Pero para que la mercancía llegue a su destino cuando aún exista demanda para ella, tiene que acelerarse el proceso, de forma que los múltiples procesos de intercambio, con múltiples intermediarios, no pierdan bruscamente su valor, por obsoleta o deteriorada, con lo que la aceleración del proceso está en la base de la obtención de los beneficios, y el manipular el tiempo de productores y consumidores es la clave para que funcione todo el proceso.
     Esta aceleración del tiempo fue criticada de manera muy divertida por Erich Scheurmann en su obra Los Papalagi, no por cómica menos cierta y descriptiva al desenfreno que nos lleva el mercantilismo. Se ha aducido que el consumismo es un fenómeno de nuestros tiempos, pero creo que podemos verlo también como uno de los desarrollos posibles del mercantilismo.
     Quizás uno de los casos donde se manifiesta con mayor claridad esta relación entre aceleración del tiempo y mercantilismo, sea en la aparición del reloj de bolsillo (parece que inevntado por Peter Henlein en 1524). Se nos ocurre que, no en balde, éste aparece en pleno desarrollo del mercantilismo, durante su desarrollo, época en la que se sustituye, casi completamente, el tiempo cósmico de la agricultura y los ritmos naturales, por el ritmo artificial e individualista del que espera el mayor beneficio personal mediante la aceleración de las transacciones: se trata de llegar antes que los demás.
     Esa relevancia del tiempo en aumento va creando poco a poco un entramado simbólico y de obligaciones que materializa, de manera más real muchas veces que el hierro de los barrotes de una jaula, barrotes tras cuales está encerrado el ser humano contemporáneo. Frente a esto, se ofrece un panorama de aparente libertad de movimientos, que permite a una gran cantidad de personas desplazarse de un lugar a otro del planeta (ya ofertan incluso viajes espaciales) y llega convertirse en un signo de estatus el desplazarse al mayor número de sitios posible, no importa que en esas visitas no se hayan provechado gran parte de las bondades que puede aportar cada sitio; pero la necesidad de la inmediatez convierte en necesidad aparente el visitar cada vez mayor número de sitios y lo más rápido posible. Cuestión aparte es la de los que han de desplazarse en un penoso peregrinaje para malvender su fuerza o su ciencia de trabajo.
     Es decir, que estamos en un conglomerado social en el que cada cual está en un momento determinado en un sitio concreto: sin posibilidad de elección la mayoría de las veces; y sin embargo, como medida excepcional, durante la pandemia del coronavirus, se restringe la libre circulación, aunque para muchos se otorga la posibilidad de organizar su propio tiempo con el teletrabajo, como nunca ha sido posible y ahora les parece que están perdiendo libertades, En la dimensión espacial puede ser, pero en la dimensión tiempo, en muchos caso con el teletrabajo se están ganando: ¿sabemos realmente los ciudadanos el puesto que ocupamos y el papel que jugamos dentro del conglomerado social?.

domingo, 23 de febrero de 2020

Lenguaje hablado y lenguaje escrito

     De estos dos tipos de lenguaje, el primero de ellos es más fácil para el hablante codificar el mensaje y más difícil para el oyente decodificarlo que el segundo; mientras que con el segundo tipo de lenguaje es más difícil codificar el mensaje y mucho más fácil decodificarlo que con el primero. La cuestión es, en parte, un problema de velocidad de transmisión. Con estos planteamientos es fácil ver cómo se complementan ambos tipos de lenguaje.
     El lenguaje hablado es más fácil de codificar porque sigue la línea del pensamiento y es automático, mientras que decodificarlo es lento, porque sigue el curso lento y lineal de los mensajes sonoros, los cuales, si se transmiten varios a la vez, se interfieren entre ellos.
     Por su parte el lenguaje escrito es más difícil de codificar, porque requiere un entrenamiento, y depende generalmente de la destreza de nuestras manos, ya sea para escribir directamente sobre un soporte como papel, pergamino, piedra, etc., como para escribir indirectamente mediante un teclado o mediante un  software de reconocimiento de voz. Sin embargo, su decodificación es más fácil, porque esta decodificación es visual -al leer-, y porque la vista  permite la entrada de varios datos casi a la vez, al contrario que el sonido, cuya entrada de datos es secuencial y por un sólo canal donde se funden todos los sonidos.
     De todas estas consideraciones previas podríamos deducir que para asimilar información es más rápido el lenguaje escrito, pero quizás no tan eficaz, y para transmitirla es más fácil el hablado, aunque quizás no tan preciso como el escrito. Según nuestros propósitos o según la ocasión es preferible uno u toro y de ambos hay dominar su práctica y manejo.

domingo, 10 de abril de 2016

Las microtareas

En numerosas ocasiones hemos percibido el carácter frustrante y alienador que tienen las microtareas para quienes tienen que llevarlas a cabo. Teniendo en cuenta que entendemos por microtareas a la sucesión de múltiples actividades de corta duración y que generalmente tienen poca relación entre ellas.
Ahora nos proponemos analizar por qué adquieren ese carácter alienador esas tareas sencillas, que no deberían plantear mayor problema.
Parece que el hecho de que las tareas no tengan relación entre sí priva de control sobre las mismas al que las ejecuta al que las ejecuta de control sobre las mismas; pues el ser humano parece estar más preparado para realizar tareas complejas, encadenadas entre sí y encaminadas a una meta, que para realizar tareas sencillas cuya meta final no alcanza a ver: en eso nos diferenciamos de organismos menos complejos, que se limitan a "reaccionar". De hecho, mientras más avancemos en la evolución, más complejas serán las tareas y más preparados estarán los organismos para llevarlas a cabo.
También es conveniente tener en cuenta que cualquier tarea implica una toma de decisión, y como tal una activación neurofisiológica de mayor o menor intensidad, o lo que equivale a decir: un "arousal" (o activación neurofisiológica generalizada) más o menos intenso, que, a la larga, produce un pequeño incremento del estrés.
Como a cada microtarea le corresponde un incremento del estrés (se da un proceso sumativo con cada uno de ellos, por más que haya una pequeña disminución de dicho estrés tras la realización de cada una de esas tareas, nunca disminuye tanto como para volver al nivel anterior, por lo que con cada una de ellas se produce un pequeño incremento), se produce entonces dicho efecto de incremento paulatino.

Con estos planteamientos, intentamos ver con una nueva óptica la interpretación de un experimento tan conocido como el de los Harlow con "el mono ejecutivo". En aquella ocasión, los Harlow interpretaron que la dolencia gástrica de los monos que tenían la posibilidad de pulsar un botón para evitar la descarga eléctrica, se debía al papel ejecutivo que se les asignaba; mientras que los que no tenían ninguna opción para defenderse de las mismas, no desarrollaban ninguna dolencia gástrica (úlcera).
A la luz de los nuevos planteamientos, queda en entredicho para nosotros, que ninguno de esos monos tuviera un papel "ejecutivo", pues ellos, en realidad no tomaban sino decisiones parciales y casi inevitables. O sea, que más que ejecutivos, aquellos monos eran "ejecutados" con multitud de microtareas de las que no podían escapar.