Últimamente escuchamos con frecuencia interpretar el flamenco (cante, toque y baile) con esmero y afinación, recreándose los artistas en sus habilidades y estilo. Nos recuerdan que el concepto de arte, tal como lo conocemos hoy, procede de aquellos creadores italianos del cuatrocento y el quinquecento, cuyo radical narcisismo logró que fueran admirados más que sus obras mismas.
Hoy en día, parece que la mayoría de intérpretes, se ocupan principalmente de hacer demostración de sus habilidades y técnica, olvidando que el flamenco es además de arte, expresión de identidad (naturalmente andaluza, paya o gitana), y si no es así, es una falsificación.
Ese esmero en la exhibición, antes que en la expresión de identidad, ha conducido a muchos profesionales a interpretaciones correctas y respetables, pero aunque vayan a compás van con un "tempo" desvaído que aburre hasta las moscas y con una expresividad edulcorada que dice muy poco.
Flamenco es igual a identidad, no sólo es música; mirándolo como lo miréis, cuando se busca sólo el preciosismo y se olvida lo q ue se expresa parece que nos estancamos y perdemos la oportunidad de avanzar en el arte.
Hace poco pudimos ver y escuchar a Agujetas explicar, en una grabación, la diferencia entre el duende que se expresa conmoviendo y una salmodia rutinaria e insulsa. A lo mejor deberíamos prestar atención a lo que decía el momento en aquel momento, porque parece que lo que predomina cada vez más es un insulso recrearse en las habilidades de interpretación, olvidando que el flamenco no es sólo un arte, es una llamada para quien quiera escuchar