Los contenidos de este blog van desde la Psicología a la Antropología, pasando por la Historia o la Pedagogía. Esta mezcla abigarrada de disciplinas y temas tiene para mí un sentido claro y este sentido es que todas ellas son ciencias sociales o humanas, intensamente interconectadas unas con otras, debido a que todas ellas tienen un común objeto de estudio: el ser humano. Aunque cada una de ellas tenga su propia metodología e instrumentos de trabajo y de análisis, que les otorgan su propia personalidad.
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sábado, 19 de enero de 2019

Ética y economía

     Existe una clase de materialismo ramplón, de naturaleza economicista en el caso que expondré. No todos los materialismo son así, pero este sí lo es. Consiste en considerar que las superestructuras (ideología, simbología, organización ...) está determinadas por las estructuras (económica generalmente, pero también demográfica...) y en bastante menos medida al revés. Pero el no poder entender esto, nos impide comprender que los desposeídos no siempre tienen una ideología igualitaria, sino que el tener una ideología igualitaria hace que la persona no busque la acumulación de riqueza personal como principal meta en su vida: tiene otros intereses, aunque ese también pueda interesarle.
     No para todo el mundo, la avaricia (caracterizada por el afán de acumular cosas: amigos, cosas, dinero.. con  afán de coleccionista, de los que se limitan a almacenar, pero sin darles uso) es uno de sus rasgos distintivos y la ambición de estas personas es acumulativa y está fijada a metas altruistas, lo que no quita que haya personas para las que su ambición pueda transcurrir por cauces altruistas, que lejos de centrarse en la acumulación de la avaricia, se fijen metas "ambiciosas" para propósitos altruistas. Es decir, que ambición y avaricia son vicios diferentes y el primero parece más beneficioso, a veces, para el ser humano y sus semejantes.
     A pesar de todo, habrá quien argumente que gracias a la avaricia se producen las acumulaciones de capital, necesarias para el desarrollo de la economía, pero entonces no podrían ser signos de avaricia, sino acumulaciones dirigidas a metas, y no simples acopiamientos sin salida.
     Con estas reflexiones, podríamos completar las de Kahneman o del mismo Max Weber, acerca de la acumulación de capital ("capitalista" o no).

martes, 17 de julio de 2018

El valor del trabajo

La forma habitual de valorar el trabajo es otorgarle un precio al cambio. Forma habitual de valorar todas las cosas por el dinero. Como es lo que habitualmente vemos, nos parece la única forma de poner en valor no sólo el trabajo, sino todas las demás cosas. En función de esta creencia, todas estas cosas y en concreto el trabajo, tienen un precio en el mercado.
Sin embargo, hay muchos otros factores que nos podrían servir para valorar el trabajo, como:

  • el esfuerzo necesario para realizarlo
  • la importancia (establecida más o menos objetivamente) que tiene para quien se beneficia de él
  • la dificultad técnica y la habilidad necesaria para hacerlo
  • la "calidad" del mismo (si está bien ejecutado o no)
  • la cantidad de personas que se benefician de su resultado
  • la mayor o menor necesidad de quienes reciben ese beneficio
  • la cantidad de trabajo
  • el tiempo requerido para realizarlo
  • ...

Pero, ni de lejos y con frecuencia, algunos de estos factores tienen repercusión en el "precio" del trabajo. Es por esto que socialmente no se valora el trabajo, sino los beneficios económicos que se pueden obtener por él o por otros medios. El fin social del trabajo se convierte entonces en un fin egoísta, y por ende, independientemente de la nobleza de sus objetivos  medios, se convierte también en trabajo alienado.
Pero para despojar de esa alienación al trabajo, no tiene sentido hundir en la miseria a quien lo realiza, forzándolo a que lo haga de manera no remunerada; quizás bastaría tan sólo con no confundir la recompensa con la función del trabajo y tratarlo no como una obligación sino como un derecho y una forma de realizarse la persona.

Las compensaciones
El trabajo tiene dos vertientes en cuanto a las compensaciones que recibimos por él:
- la primera vertiente se refiere al trabajo como actividad dirigida hacia el individuo que lo ejecuta.
- la segunda vertiente se refiere al carácter social que, como toda actividad humana, tiene el trabajo.
La primera de ellas se referirá a cosas tales como: satisfacción de realizar lo que nos hemos propuesto, ventajas prácticas obtenidas, desplegar las energías creativas, las físicas, obtener motivación para vivir...
La segundad, en cambio, nos llevará a pensar en cosas tales como la satisfacción por la aprobación social, la obtención de un estatus superior superior al disfrutado hasta el momento, la consabida remuneración económica...

La valoración ética, de las cuestiones que planteamos, entra cuando se anteponen las compensaciones al verdadero valor del trabajo que, posiblemente esté en sí mismo.

viernes, 17 de marzo de 2017

Sevilla, parque de atracciones

En vez de mantener el actual papel de la ciudad como "Parque de atracciones", en el que todo consiste en una serie de programas o atracciones, en los que todo es previsible,y donde cada sevillano tiene un papel de extra de cine, como aquellos tristes personajes de "Bienvenido Mister Marshall". Deberíamos apostar por una ciudad que fuera atractiva para el visitante, sustituyendo de paso al turista (o aquel que se da un tour o vuelta, sin importarle realmente por dónde) por el visitante que tiene un objetivo definido: conocer cosas y gentes nuevas, haya oído hablar de ella antes o no, siempre dispuesto a sorprenderse. Una ciudad que tuviera vida productiva propia, a la que no se la hubiera privado de su industria textil, tabaquera, naviera..., o no se la hubiera enajenado de sus recursos bancarios, de la industria cervecera, eléctrica, energía solar, etc. O no se la prive de un puerto adaptado al tráfico moderno, frenado con la escusa de un supuesto ecologismo, que ignora la historia e ignora que no hace mucho la ría del Guadalquivir era un entrante de mar, y que ha dejado de serlo precisamente por la acción antrópica y dañina que para su cauce son las captaciones ilegales de agua, los muchos canales y las presas, que disminuyen su caudal y favorecen la decantación de las arenas y la acumulación de sedimentos, que son los obstruyen, de manera artificial, su cauce.
Una Sevilla, a la que el gobierno central se apresuró, en su momento, a conectar rapidamente con la capital del reino, mediante el AVE; pero a la que se le niega, 25 años después su conexión equivalente con las ciudades hermanas de Andalucía. O se le niega, racanamente, un metropolitano completo, necesario por ser una ciudad cuyas conexiones en superficie son tan difíciles.
Y toda esta situación parece alimentada por unos poderes públicos, que no hacen sino alimentarse de aquella parte de la mentalidad folk, para la que lo que tiene el vecino es porque nos lo han quitado a nosotros, mentalidad que adquiere la forma de la envida y está basada en la creencia de que la riqueza no se puede crear sino repartir, pues está limitada y no es para ellos, producto del trabajo humano. Esta dialéctica entre keynesianismo y mentalidad folk, puede que esté en la base de la realidad económica y social de la Sevilla contemporánea, y resolver esa dialéctica mediante la creatividad, tan propia de las gentes del Sur.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Riesgo y planificación

Una de las principales peculiaridades de la economía capitalista es su doble juego entre asegurar que lo mejor es el sentido de la responsabilidad y la sensatez en los negocios y luego otorgarle tanta importancia al azar y al riesgo. Es una contradicción que no sólo se manifestó en el periodo al que se refería Ulrich Beck cuando hablaba de "la sociedad del riesgo".
Porque el gusto por le riesgo es una constante, que ha llegado hasta nuestros día, tal como ha demostrado el premio Nobel de Economía Daniel Kanheman. Parece haber un importante componente lúdico en la labor de aquel o aquellos que mueven capitales en una u otra actividad productiva; no así ocurre con los que participan del proceso productivo. Para los primeros el riesgo es un accidente, para los segundos una pesadilla.
Este fenómeno, que nos recuerda al mito de las dos caras de Jano, nos revela el carácter contradictorio de la economía, cuya peculiaridad genera tensiones, las cuales son origen de muchas de las crisis económicas, si no de todas. Este carácter contradictorio, posiblemente, deberá ser bien entendido, si se pretenden paliar los males que, en muchas ocasiones, la economía produce.
La planificación de la economía o las inversiones de riesgo deben guardar un equilibrio que impida el estancamiento y a la vez proporcione mecanismos de control ante la insensatez.
Quizás lo peor de todo lo que hemos dicho es que, en realidad, los únicos que pueden asumir riesgos son los que más recursos tienen; y, sin embargo, las consecuencias negativas de los riesgos (casi nunca las positivas) las tienen que asumir los que menos tienen. También podríamos deducir como consecuencia que quienes más tienen interés en una economía planificada, en teoría exenta en mayor medida de riesgos, son los que menos tienen y los más favorables a la economía de riesgo son los más pudientes, ya que, podríamos decir, son los que juegan con cartas marcadas, pues juegan con el riesgo de otros, con el riesgo de los que menos tienen.
Es frecuente ver, cómo en épocas de crisis, mientras al ciudadano común se le piden austeridad y sacrificios, el privilegiado se permite los mayores lujos, y a mejores precios que ante, y todo los dirigentes de los países hablan de que "tenemos" que hacer sacrificios, en primera persona. Mayor ejercicio de cinismo parece casi imposible de superar. El ciudadano común no ha de correr riesgos y ser medroso, que para asustarlo ya están los poderosos, parecen decirle desde las altas esferas.
El ya mencionado Kahneman se distinguió por estudiar la conducta emocional del que juega en la bolsa, pero habría que decir que esa es, más que conducta emocional, una conducta irracional, que prescinde de cualquier conocimiento objetivo, ya sea intelectual o emocional.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

El dragado del puerto de Sevilla

Se nos ocurren varias razones por las que el dragado del río Guadalquivir, en su tramo entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda, podría no ser tan negativo como algunas voces discordantes dicen. Estas razones las hemos clasificado por tipos:
Razones históricas: el río fue, antes que ría, ensenada marítima y con el dragado sólo se trataría de aproximarnos a un pasado histórico no tan lejano. A cambio de eso, tenemos cierre de los astilleros, después de siglos de funcionamiento y abandono definitivo del canal Sevilla-Bonanza, sustituto del cual sería el dragado en profundidad.
Razones ecológicas: lo verdaderamente antinatural (aunque necesario) es la construcción de presas río arriba que han ido disminuyendo el caudal del río, lo que ha frenado el arrastre de sedimentos y facilitando su decantación, con la consiguiente acumulación en el tramo final. Otro factor que ha influido en el exceso de sedimentación en el cauce final del río es la tala de árboles durante siglos, lo que hace que ahora haya una colmatación no natural sino fruto de la acción antrópica.
Razones económicas:  a Andalucía le interesa tener varios puertos con capacidad próximos unos a otros, pues ello, en lugar de producir una neutralización de unos a otros, lo que provocaría sería una potenciación de la zona, como ocurre con los puertos holandeses, o belgas, por ejemplo.
No obstante, vemos que es real el peligro de salinización de las marismas (aunque eso sería devolverlas a su estado natural previo a la gran antropización del entorno actual); pero seguro que hay soluciones ingenieriles que podrían solucionar el problema, mediante diques, compuertas, etc.; se nos ocurre que al modo de Holanda. También vemos que las márgenes podrían verse afectadas por el paso continuo de buques de gran calado, pero ello obligaría a un mejor mantenimiento de éstas, cosa que en la actualidad no parece suceder.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El falso dilema

Si hemos de hacer caso a los teóricos de la economía capitalista, existen en la misma dos polos opuestos: John Maynard Keynes y Milton Friedman. El primero partidario del crecimiento indiscriminado (lo que ha dado origen a la necesidad del concepto de "crecimiento sostenible") y el segundo de control del gasto y de sólo invertir sobre seguro y con el mínimo riesgo. Ambas teorías dan lugar a dos fenómenos diferentes, pues mientras la de Keyness provoca un aumento del crédito (capital circulante) y de la inflación, el segundo provoca un crecimento lento y hasta deflacción. Sin embargo, ambas posiciones del capitalismo tienen algo en común: ninguna de las dos facilita una circulación real del dinero, fuera del control de los centros financieros, utilizando la cortina de humo del crédito para hacer creer que hay dinero circulando, pero es mentira: ¡sólo hay crédito!, lo que equivale a ligar fuertemente a las consumidores y productores a compromisos de pago, que afectan a su disponibilidad de tiempo (que ahora es del capitalista) y su libertad de actuar. En unos periodos se esconde el crédito y en otros se libera, pero en todo momento el dinero no es real.
¿Pero cuál es la finalidad de este juego de esconder el dinero (el capital)?, ni más ni menos que convertirlo en un bien escaso y, por lo tanto, deseable, con lo que el que es capaz de acumularlo adquiere poder sobre los demás. Pierde así el dinero su función original de instrumento para el intercambio de bienes, servicios y mercancias: ahora es ya una entelequía por la cual pierden la vida unos y la corrompen otros. Este trasvase de capitales de un lugar a otro  recuerda al conocido juego de low trileros, en el que el perjudicado ya sabemos siempre quien es.
Pero este intercambio de capitales, nos parece que se ilustra mejor con un conocido juguete: el pajarito bebedor  En este divertido juguete el líquido de su interior va continuamente desplazándose de un lugar a otro del muñeco, haciendo que cuando cambia su centro de gravedad éste se incline o se levante. Pero no es más que una ilusión, el líquido (el capital) está siempre en el mismo recinto cerrado y los ciudadanos de uno u otro confín del emundo nos hacemos la ilusión que bebemos de él mientras nos vemos obligados a movernos en la dirección que nos marcado en cada momento.
Este continuo ir i venir de los capitales nos hace pensar que existen diversos "depósitos" y que el flujo de didnero va unos a otros, entre otras cosas porque se nos hace difícil pensar que el dinero sea un bine que se destruya facilmente, a no ser hechos aislados de algunos excéntricos que pueden montarse numeritos de quemar billetes en público. De la mayoría de dinero que permanece indemne a través de mucho tiempo hemos de pensar que, o está almacenado en un sólo estanco sin fluir o bien está sujeto a múltiples vaivenes. Estamos tentados de decir que las crisis económicas suceden cuando ocurre alguno de esos extremos: o bien hay un exceso de líquido almacenado sin fluir y sin crear riqueza o, por el contrario el flujo es tan rápido que no deja que las plusvalías obtenidas por el capital productivo no lleguen a convertirse en capital financiero para iniciar nuevas "empresas" o actividades económicas (aquellas en las que los seres humanos se intercambian los productos de su trabajo) y pasan a "sublimarse" en el humo del capital especulativo, el cual si puede caracterizarse por algo es por la velocidad de sus intercambios (volvemos a la referida imagen de los trileros, por desgracia), cuyos nefastos efectos ya conocemos.
Es de mucha importancia entender que con esos trasvases de capital, el mismo se encarece para quienes no lo poseen, según una ley que nos dice que mientras más rápidos sean los cambios, mayor es el encarecimeinto, por uqe aumenta la inseguridad en quienes lo necesitan y lo demanda con mayor ansiedad aún. Esa rapidez de lso trasvases es intencionada y con cada movimiento se incrementan las plusvalías resultado no de los beneficios reales, sino de la especulación y el miedo a quedar desposeído.
Cada vez que los capitales pasan de un refugio (paraíso fiscal o no), aumentan su valor. Si tenemos en cuenta que la velocidad del flujo se podría medir en función del número de "refugios" por unidad de tiempo, tenemos una estrategia perfecta para aumentar beneficios sin producir realmente nada.

viernes, 9 de diciembre de 2011

¿Vamos hacia una feudalización de la economía?

Los tres o cuatro últimos años, nos han hecho asistir a todo un proceso de pérdida de soberanía de los Estados en favor de los grandes poderes económicos, muchas veces ocultos bajo denominaciones corporativas, pero no por ello menos dañinos. Parece que la guerra euro-dolar les ha dado alas y mientras que estos dos conglomerados financieros se disputan la hegemonía mundial, tratando de sobrellevar la falta de productividad de sus economías de referencia, ellos se aprovechan para imponer su ley y la ética del genial personaje de Dickens, el señor Scrooge, pretendiendo que vivamos todos en una miserable austeridad, mientras que nuestros esfuerzos continúan aumentando sin límites. Mientras tanto, el lujo y la riqueza continuan rebosando de los bolsillos de los de siempre: ¡va a tener que echarnos una mano el fantasma de la navidad para espantar a estos miserables Scrooge(s)...!
Nos quieren hacer ve que todo se limita a un problema de deseqiuilibrio en "los mercados", cuando la realidad es que occidente se enfrenta a un problema de producitividad, frente a las denominadas economías emergente; y que la única solución que el capital encuentra a esa falta de productividad es la bajada de salarios, la bajada de prestaciones para los trabajadores y la bajada de impuestos para los empresarios: la ruina para grandes masas de población. Pero todos sabemos que la mejor forma de elevar la productividad es la búsqueda de la EXCELENCIA debe hacerse mejorando: la formación (invirtiendo más en educación), democratiznado la economía (haciendo partícipes de los beneficios a los trabajadores), regularizando los mercados (impidiendo la especulación, modificando las relaciones patronos-trabajadores (impidiendo como medio de promoción la delación, el peloteo, el enchufismo, el clientelismo y el nepotismo, por poner sólo algunos ejemplos).
Capital productivo (comercial o industrial), capital financiero y capital especulativo se están turnando y compitiendo entre sí acerca de quién maneja los hilos durante esta crisis y quién saca mayor provecho de ella, pero lo que está claro es que ninguno de ellos es completamente inocente de lo que está ocurriendo.
Mientras tanto, esa feudalización avanza, los "señores de la guerra económica" se autootorgan  títulos de nobleza económica y se hacen con el poder en la mayoría de países, como en Italia, dando lecciones a pesar de haber contribuido al hundimiento financiero de sus respectivos países: ¡la Humanidad parece que no aprende...!

sábado, 28 de mayo de 2011

¿Quien evalúa a los evaluadores?

http://youtu.be/3t0Af3A2HsgCon la actual crisis económica, han aparecido en todas las noticias publicadas por los medios de comunícación, las denominadas "agencias de calficación  de la deuda" (Standard and Poors, Moody's, Fitch, etc). Todas ellas nos hacen pensar en quienes las componen y en quienes las han "acreditado" para su función. Porque se tra de eso, de dar "crédito"; es decir, de creer en la capacidad de alguien para hacer algo, para evaluar algo, o de ser "solvente".
Ya el hecho de que esté en entredicho la "credibilidad" de aquellos que nos tienen que hacer "creer" que algo o alguien valga más o menos, nos hace sospechar que toda esta estructura ideológica está sostenida por humo.
Los Estados, hoy día, pero también aquellos a quienes éstos deberían dar cobertura y protección: sus ciudadanos, y de entre ellos los más desfavorecidos, se encuentran inmersos en medio de todo este juego de "credibilidades", "acreditaciones" y "créditos"; sometidos a multitud de variaciones manejadas no sólo por estas agencias transnacionales, sino por las corrientes de opinión que generan, y por los grandes grupos de presión financieros (secretamente, o, al menos, camuflados) dominan o controlan a los dos anteriores (Estados y ciudadanos).
¿Pero en qué se basan  estos evaluadores, que se han autoabrogado "credibilidad" (o, peor aún, que se la han dado esos poderes financieros), para dar "crédito" y "credibilidad" a la cuestión de si se van a pagar deudas contraídas?
Es una pregunta que intentaremos responder: principalmente en sospechas y rumores que intenten calmar la paranoia estructural de la burguesía, la cual supone que todas sus posesiones y modo de vida son codiciados por todos, y que todos los demás, que no las tienen, desean poseer. por muchos cálculos que hagan para justificar sus valoraciones de "riesgo", en realidad se basan en sospechas y en la "creencia" (nunca la "certeza") de que los procedimientos económicos, que no sigan sus patrones, no son viables a la larga.
Estamos ante planteamientos puramente monetaristas, y quienes los sostienen no entienden que sólo con el papel moneda no se puede mantener un sistema productivo y de servicios, y que se olvidan de que el capital principal necesario para producir, basta con que sean los medios y maquinaria de producción, la tecnología y los encargados de utilizarlos (los "recursos humanos" y su capacitación laboral).
Un sistema productivo que se preciara, sólo debería utilizar el capital financiero de manera transitoria, en los instantes )que deberían ser lo más fugaces posible) en los que se produce el ibtercambio entre fuerza de trabajo, medios de producción, productos y servicios. Fuera de esos momentos, el capital financiero debería reducirse a la míbina expresión. Pero, bien al contrario, es el que predomina sobre otros tipos de capital y el que proporciona las "seguridades" con sus "acreditaciones", dar "crédito" y "dar credibilidad" a terceros, para calmar la manía persecutoria de quienes se han erigido en árbitros, sin estar "acreditados" para ello.
Antes hemos opuesto "credibilidad" a "certeza", como dos términos antitéticos, y si forzamos un poco más la imagen, veremos que, en realidad, la antítesis de "certeza" es "falsedad", por lo que "credibilidad" y "falsedad" se aproximan sospechosamente en el universo semántico.

*    *    *

Pero todo esto de lo que venimos hablando, no afecta sólo a los pequeños o grandes Estados (sobre todo a los primeros); también afecta a los ciudadanos de a pie cuando necesitan pedir a lso bancos dienero y reciben, en lguar de ello, "crédito", exigiéndoseles, para su sorpresa, que den dinero, en vez de recibirlo.
¿Pero quiénes ocupan el lugar de las agencias de calificación de la deuda para el caso de estos ciudadanos particulares?: los "analistas de riesgo" ¿cuál es el procedimiento que utilizan estas figuras para calificar la futura deuda de los ciudadanos? Igual que con los Estados, aquel que menos tiene, sólo puede "contraer" una deuda de peor calidad; en definitiva, que a quién menos tiene se le cobra más, y a quién más tiene hasta se le hacen "quitas" ¡El sistema es perverso desde la base!
Ni las "agencias de calificación de la deuda" ni los "analistas de riesgo" se "cren" que solvencia (capacidad para solucionar) tenga que ver con capacidad de trabajo, responsabilidad demostrada y compromisos garantizados (con patrimoios materiales o inmateriales). sino que igualan "solvencia" con capital financiero y sólo se fían de la rapida liquidez (y volatibilidad) de ese capital, lo que provoca su sobrevaloración y su expansión en el sistema económico mundial, acogontándolo y actuando con él como un cáncer negro, que va necrosando paulatinamente las principales estructuras económicas de dicho mundo globalizado.