Blog de carácter profesional, en el que se divulgarán aquellos trabajos personales que el autor desea dar a conocer. En él se valoran también las aportaciones en forma de opiniones que puedan realizar sus visitantes
Los contenidos de este blog van desde la Psicología a la Antropología, pasando por la Historia o la Pedagogía. Esta mezcla abigarrada de disciplinas y temas tiene para mí un sentido claro y este sentido es que todas ellas son ciencias sociales o humanas, intensamente interconectadas unas con otras, debido a que todas ellas tienen un común objeto de estudio: el ser humano. Aunque cada una de ellas tenga su propia metodología e instrumentos de trabajo y de análisis, que les otorgan su propia personalidad.
jueves, 2 de mayo de 2019
sábado, 9 de febrero de 2019
Solidaridad
En el lenguaje cotidiano, suele confundirse el término solidaridad con los de caridad o altruismo, como si, como ocurre en estos casos, de la necesidad de un arranque generoso hacia los demás se tratara, fruto de la bondad del alma de quien lo tiene. Estos gestos sin duda generosos, son hermosos y elogiables en quienes los exhiben.
Pero no se trata de ser bueno o malo, porque para que un grupo social funcione armónicamente; o, al menos, no basta con eso; sino que se trata de tener sentido común y de reconocer a cada uno lo que es suyo o le corresponde
Debemos pensar que el solidario no piensa cicateramente que lo que tiene es suyo y, si lo da, es por propia voluntad; por el contrario, el solidario piensa que lo que tiene es gracias a su esfuerzo, pero también como resultado de los que tienen menos qué, y percibe que sus bienes son resultado de un esfuerzo colectivo, no exclusivamente de su esfuerzo personal.
La solidaridad en economía suele ser un tema espinoso de tratar, pues los que más tienen con frecuencia argumentan que ellos están pagando por unos servicios que no están recibiendo. Se olvidan, por ejemplo, que quienes trabajan para ellos, lo realizan haciendo uso de servicios públicos: gracias a una formación que han logrado gracias a dinero público, y de lo contrario deberían pensar que la eficacia de sus trabajos sería inferior, y ello, indirectamente perjudicados por ello. También se olvidan de que el progreso económico es tanto más sólido cuanto que las diferencias sociales no se disparan, y permiten, al menos,el libre y equitativo tráfico de recursos y beneficios. También se olvidan de que no puede haber plusvalías si los posibles agentes que se las facilitan están en la miseria.
Pero no se trata de ser bueno o malo, porque para que un grupo social funcione armónicamente; o, al menos, no basta con eso; sino que se trata de tener sentido común y de reconocer a cada uno lo que es suyo o le corresponde
Debemos pensar que el solidario no piensa cicateramente que lo que tiene es suyo y, si lo da, es por propia voluntad; por el contrario, el solidario piensa que lo que tiene es gracias a su esfuerzo, pero también como resultado de los que tienen menos qué, y percibe que sus bienes son resultado de un esfuerzo colectivo, no exclusivamente de su esfuerzo personal.
La solidaridad en economía suele ser un tema espinoso de tratar, pues los que más tienen con frecuencia argumentan que ellos están pagando por unos servicios que no están recibiendo. Se olvidan, por ejemplo, que quienes trabajan para ellos, lo realizan haciendo uso de servicios públicos: gracias a una formación que han logrado gracias a dinero público, y de lo contrario deberían pensar que la eficacia de sus trabajos sería inferior, y ello, indirectamente perjudicados por ello. También se olvidan de que el progreso económico es tanto más sólido cuanto que las diferencias sociales no se disparan, y permiten, al menos,el libre y equitativo tráfico de recursos y beneficios. También se olvidan de que no puede haber plusvalías si los posibles agentes que se las facilitan están en la miseria.
sábado, 19 de enero de 2019
Ética y economía
Existe una clase de materialismo ramplón, de naturaleza economicista en el caso que expondré. No todos los materialismo son así, pero este sí lo es. Consiste en considerar que las superestructuras (ideología, simbología, organización ...) está determinadas por las estructuras (económica generalmente, pero también demográfica...) y en bastante menos medida al revés. Pero el no poder entender esto, nos impide comprender que los desposeídos no siempre tienen una ideología igualitaria, sino que el tener una ideología igualitaria hace que la persona no busque la acumulación de riqueza personal como principal meta en su vida: tiene otros intereses, aunque ese también pueda interesarle.
No para todo el mundo, la avaricia (caracterizada por el afán de acumular cosas: amigos, cosas, dinero.. con afán de coleccionista, de los que se limitan a almacenar, pero sin darles uso) es uno de sus rasgos distintivos y la ambición de estas personas es acumulativa y está fijada a metas altruistas, lo que no quita que haya personas para las que su ambición pueda transcurrir por cauces altruistas, que lejos de centrarse en la acumulación de la avaricia, se fijen metas "ambiciosas" para propósitos altruistas. Es decir, que ambición y avaricia son vicios diferentes y el primero parece más beneficioso, a veces, para el ser humano y sus semejantes.
A pesar de todo, habrá quien argumente que gracias a la avaricia se producen las acumulaciones de capital, necesarias para el desarrollo de la economía, pero entonces no podrían ser signos de avaricia, sino acumulaciones dirigidas a metas, y no simples acopiamientos sin salida.
Con estas reflexiones, podríamos completar las de Kahneman o del mismo Max Weber, acerca de la acumulación de capital ("capitalista" o no).
A pesar de todo, habrá quien argumente que gracias a la avaricia se producen las acumulaciones de capital, necesarias para el desarrollo de la economía, pero entonces no podrían ser signos de avaricia, sino acumulaciones dirigidas a metas, y no simples acopiamientos sin salida.
Con estas reflexiones, podríamos completar las de Kahneman o del mismo Max Weber, acerca de la acumulación de capital ("capitalista" o no).
sábado, 12 de enero de 2019
Por qué los sobredotados tienen disincronías
Desde que Terrassier expresó sus tesis acerca de este asunto, se suele oír que los niños y niñas con altas capacidades tienen con frecuencia disincronías: afectiva, motora, social... Casi todos los estudiosos del tema hallan cierta está afirmación. Pero apenas hemos encontrado pistas sobre por qué ocurre esto. Ni mucho menos hemos encontrado demostraciones más o menos científicas de estas afirmaciones.
Quizás en este caso la explicación más sencilla sea la más plausible. Puede que, simplemente, la capacidad de estos niños de centrarse en la tarea, les impida dedicar tiempo a tareas que no les interesan tanto como otras.
En realidad, esta parece una estrategia más eficaz que cualquiera otra, ya que está destinada a optimizar recursos y tiempo, y parece muy relacionada con la alta "implicación en la tarea" de la que habla Renzulli. Y precisamente esta capacidad de centrarse en una tarea; es decir, de descartar descartar estímulos nonpertinentes o discriminativos, en favor de otros estímulos que la persona considera poseedores de estas cualidades.
Todo este orden de cosas hace que, en bastantes ocasiones, se confunda la alta capacidad con el síndrome de Asperger. Esto es seguramente debido a que ambos tipos de personas comparten la alta capacidad de implicación en la tarea. Capacidad que es un arma de doble filo, ya que si la selección de estímulos pertinentes es correcta, esta predisposición parece venturosa para quien la detenta, pero si se equivoca los resultados pueden ser desastrosos; siendo esto cierto tanto para los Asperger como para los altamente capacitados. Con lo que se pone de manifiesto la escasa distancia que existe a veces entre el error y el acierto.
Quizás en este caso la explicación más sencilla sea la más plausible. Puede que, simplemente, la capacidad de estos niños de centrarse en la tarea, les impida dedicar tiempo a tareas que no les interesan tanto como otras.
En realidad, esta parece una estrategia más eficaz que cualquiera otra, ya que está destinada a optimizar recursos y tiempo, y parece muy relacionada con la alta "implicación en la tarea" de la que habla Renzulli. Y precisamente esta capacidad de centrarse en una tarea; es decir, de descartar descartar estímulos nonpertinentes o discriminativos, en favor de otros estímulos que la persona considera poseedores de estas cualidades.
Todo este orden de cosas hace que, en bastantes ocasiones, se confunda la alta capacidad con el síndrome de Asperger. Esto es seguramente debido a que ambos tipos de personas comparten la alta capacidad de implicación en la tarea. Capacidad que es un arma de doble filo, ya que si la selección de estímulos pertinentes es correcta, esta predisposición parece venturosa para quien la detenta, pero si se equivoca los resultados pueden ser desastrosos; siendo esto cierto tanto para los Asperger como para los altamente capacitados. Con lo que se pone de manifiesto la escasa distancia que existe a veces entre el error y el acierto.
lunes, 24 de diciembre de 2018
¿Migrantes?
La rápida y masiva difusión que ha tenido el término "migrantes" en los medios de comunicación, en las últimas semanas o meses, nos ha hecho reflexionar acerca de este cambio en la terminología.
Sin duda, "migrantes" es un neologismo que ha sustituido a los dos anteriores: emigrantes e inmigrantes. Aparentemente parece que este término se utiliza para una mayor objetividad, pues una persona puede ser considerada emigrante o inmigrante dependiendo de la perspectiva del país desde el que se la considera, pero a veces no se sabe si la persona en çuestión va o viene de un determinado lugar, y en la duda parece que no quieren errar. Pero en la realidad, puede que este auge del término esté relacionado con una tendencia contemporánea de considerar a las personas sin identidad y sin raíces (despersonalización), que se mueven de un lado a otro casi por capricho. Desde este punto de vista, la implantación de este término de "migrantes", parece tener un fuerte contenido ideológico.
Considerar que alguien es migrante, sugiere subliminalmente que simplemente se mueve, pero no procede de ningún sitio, en una actividad caótica. Lo que puede equivaler a decir que no se tiene punto de origen y, como consecuencia, no se tiene destino ni identidad. Parece sugerirse de este modo la ubicación, de cada una de estas personas, en una anomia casi permanente. De esto a considerar que son personas fuera de la ley y perseguibles puede que se haya producido una aproximación, y la afirmación, a partir de ahí, de que son gentes sin normas o sin moral, puede haber demasiados pocos pasos. Desde este punto de vista, casi echamos de menos el término extranjero que, aunque sugerente de ser un posible enemigo, al menos no incita las despersonalización del otro. El extranjero es alguien con una identidad distinta a la nuestra; el "migrante" ni eso.
Aún más, los "mercados" muestran a veces interés porque los trabajadores estén "disponibles" para la movilidad que exige "el mercado laboral". Esta disponibilidad se ve favorecida por el desarraigo de los ciudadanos y ciudadanas del planeta. Nos preguntamos si este cambio de términos no es del todo inocente (al menos por algunos) o es, indirectamente, una invitación a la pérdida de raíces y de la identidad y, por ello, a la anomia. Una anomia inducida.
A partir de que a algún colectivo se le haya puesto esa etiqueta de anomia, se puede justificar cualquier violación de su derechos: separarlos de sus hijos, internarlos, colocarlos en campos de "refugiados", no proporcionarles un trabajo digno, una educación para sus hijos, una asistencia sanitaria para todos...
Es decir, que independientemente de que sea intencionado o no (no descartable debido a la identidad de los grupos financieros que controlan los medios de comunicación), hay una sustitución gratuita e innecesaria de un término del lenguaje por otro y, además, esa sustitución produce confusión como mínimo aparte de llevar en si valores que no aportan nada bueno a la convivencia ni a la dignidad humanas.
Es decir, que independientemente de que sea intencionado o no (no descartable debido a la identidad de los grupos financieros que controlan los medios de comunicación), hay una sustitución gratuita e innecesaria de un término del lenguaje por otro y, además, esa sustitución produce confusión como mínimo aparte de llevar en si valores que no aportan nada bueno a la convivencia ni a la dignidad humanas.
domingo, 11 de noviembre de 2018
¿Es un arte el flamenco?
A primera vista parece que sí lo es, ya que:
- el flamenco es música y baile, y la música y el baile son artes.
- en él se exige un nivel alto de la técnica de interpretación-ejecución.
- hay en el flamenco "artistas" celebrados por la buena ejecución o por su creatividad.
- también ocupa en el flamenco un lugar importante la estética, se refiera al sentido que se refiera: olor, sabor, vista, oído, cinestesia, tacto...
Pero no todo parece tan claro como al principio, porque hay otras características, aparentemente secundarias, relacionadas con el arte, como pueden ser el valor que se otorga a los artistas (sean éstos anónimos o no) o la importancia que se atribuye al virtuosismo en las técnicas, o incluso la creatividad individual demostrada, las cuales no hemos mencionado en esa primera relación..
Pero en el flamenco, más que brillar los individuos, brillan muchas veces las sagas familiares o locales; más que el virtuosismo, el valor en afrontar los desafíos en la ejecución del cante el toque o el baile, y más que la creatividad personal, el trabajo de muchos flamencos que han ido desarrollando y perfeccionando los distintos palos del flamenco, o el flamenco en su conjunto.
¿Es entonces un arte el flamenco? ¿o es otra cosa distinta? ¿o es un arte y algo más?. Las respuestas a estas preguntas pueden quedar en el aire, pero, mientras tanto, podemos ir avanzando en su significado.
En una primera reflexión, podríamos observar que, si es arte, es un arte colectivo, porque la construcción de ese inmenso fractal que es el conjunto de los cantes flamencos, no ha podido ser posible sin la intervención de decenas, centenas o miles de bailaores/as, cantaores/ o guitarristas, que han llevado a cabo sus creaciones en necesaria interrelación unos con otros, aunque esa colaboración haya sido en distintos momentos de la línea del tiempo. Por este motivo, la afirmación de que el cante flamenco es individualista, frente a la música andalusí, que es colectiva (el ejemplo de las nubas, aunque éstas también tiene solos del cantante principal); no creemos que sea del todo cierta, aunque se diferencia de la música andalusí, en que su sentido de lo colectivo no es del todo presencial.
Podemos pensar que el flamenco es una creación étnica, pero no es una creación étnica al uso, puesto que, lejos de marchar al ritmo infinitamente lento de los cambios culturales, avanza al ritmo acelerado de los cambios sociales; pero no llegando a ser un producto cultural más de las sociedades complejas, que marchan al ritmo de la globalización acelerada. Porque el flamenco mana continuamente de su origen geográfico (Andalucía y su entorno) y étnico, lo andaluz y su ámbito de influencia. Cuando sale de esas fuentes pierde su naturaleza y se esfume en el mar de productos culturales masificados, casi de usar y tirar al poco tiempo.
Desde luego no parece que el flamenco sea sólo un mero arte, o capacidad para ejecutar algo con maestría y con objetivos estéticos o sensitivos. Nos inclinamos a decir que el flamenco es una expresión cultural, que se expresa mediante la música y el baile. Aún más, es una cultura de resistencia: precisamente, de resistencia a la aculturación. Es una lucha por mantener la identidad, dentro de un entorno en el que la cultura dominante es otra.
Una prueba de que es una cultura de resistencia, es que el flamenco se transmite de persona a persona, casi clandestinamente, intentando mantener la vieja y siempre nueva llama de la identidad. Y ese mantenimiento de la identidad, para el pueblo andaluz, no podía ser de otra manera que mediante la música y el baile; como ya defendimos hace años en nuestro trabajo "Sobre el orfismo andaluz". Un recurso a las dos artes que desafían al tiempo y buscan la atemporalidad.
¿Es entonces un arte el flamenco? ¿o es otra cosa distinta? ¿o es un arte y algo más?. Las respuestas a estas preguntas pueden quedar en el aire, pero, mientras tanto, podemos ir avanzando en su significado.
En una primera reflexión, podríamos observar que, si es arte, es un arte colectivo, porque la construcción de ese inmenso fractal que es el conjunto de los cantes flamencos, no ha podido ser posible sin la intervención de decenas, centenas o miles de bailaores/as, cantaores/ o guitarristas, que han llevado a cabo sus creaciones en necesaria interrelación unos con otros, aunque esa colaboración haya sido en distintos momentos de la línea del tiempo. Por este motivo, la afirmación de que el cante flamenco es individualista, frente a la música andalusí, que es colectiva (el ejemplo de las nubas, aunque éstas también tiene solos del cantante principal); no creemos que sea del todo cierta, aunque se diferencia de la música andalusí, en que su sentido de lo colectivo no es del todo presencial.
Podemos pensar que el flamenco es una creación étnica, pero no es una creación étnica al uso, puesto que, lejos de marchar al ritmo infinitamente lento de los cambios culturales, avanza al ritmo acelerado de los cambios sociales; pero no llegando a ser un producto cultural más de las sociedades complejas, que marchan al ritmo de la globalización acelerada. Porque el flamenco mana continuamente de su origen geográfico (Andalucía y su entorno) y étnico, lo andaluz y su ámbito de influencia. Cuando sale de esas fuentes pierde su naturaleza y se esfume en el mar de productos culturales masificados, casi de usar y tirar al poco tiempo.
Desde luego no parece que el flamenco sea sólo un mero arte, o capacidad para ejecutar algo con maestría y con objetivos estéticos o sensitivos. Nos inclinamos a decir que el flamenco es una expresión cultural, que se expresa mediante la música y el baile. Aún más, es una cultura de resistencia: precisamente, de resistencia a la aculturación. Es una lucha por mantener la identidad, dentro de un entorno en el que la cultura dominante es otra.
Una prueba de que es una cultura de resistencia, es que el flamenco se transmite de persona a persona, casi clandestinamente, intentando mantener la vieja y siempre nueva llama de la identidad. Y ese mantenimiento de la identidad, para el pueblo andaluz, no podía ser de otra manera que mediante la música y el baile; como ya defendimos hace años en nuestro trabajo "Sobre el orfismo andaluz". Un recurso a las dos artes que desafían al tiempo y buscan la atemporalidad.
sábado, 13 de octubre de 2018
Oliver de Triana - Soleá I
Manuel Oliver fue un representante destacado de lo jondo y expresión de esta idea en su sentido más claro. Quienes lo escuchamos guardamos la memoria de su buen flamenco y de las mejores soleás.
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