Blog de carácter profesional, en el que se divulgarán aquellos trabajos personales que el autor desea dar a conocer. En él se valoran también las aportaciones en forma de opiniones que puedan realizar sus visitantes
sábado, 21 de mayo de 2022
domingo, 24 de abril de 2022
La capitalidad de Sevilla
Si pensamos que la península ibérica es un subcontinente, y que el valle del Guadalquivir es una región geográfica, claramente definida dentro de ese subcontinente, formando una sólida región económica-social-ecológica-cultural y paisajística, constituida por ese valle, con la contra-ladera del mismo hacia el Mediterráneo; y si recurrimos a la "Teoría de los lugares centrales" del geógrafo alemán Walter Christaller, y la aplicamos a esta región tan claramente definida, y además supusiéramos, en un hipotético caso, que no existiera Sevilla, tendríamos que plantearnos crearla en el mismo lugar que está: porque ahí debería estar la capital de Andalucía. Pues todas las líneas de tráfico de mercancías, de intercambios de población, de difusión de ideas y de otros elementos de la superestructura, parecen transcurrir desde la cabecera del Guadalquivir hacia el mar, cruzándose en Sevilla con la que atraviesa la península de sur a norte, por la Ruta de la plata. Cruzándose también en Sevilla con la que comunica el calle con la contraladera, a través del paso (geográfico, económico y cultural) de Ronda. Sería necesario situar una ciudad en ese lugar central, para que pudiera funcionar de manera eficaz.
Entonces, en el caso de Sevilla, ¿por qué se discute tanto su capitalidad?. o peor aún, ¿por qué se boicotea esa capitalidad? Porque parece que Sevilla (y en otros momentos Córdoba), ocupa de manera natural (y no espúrea) un lugar central en el sistema de ciudades andaluz.
Somos conscientes de que aunque Andalucía sea una región geográfica claramente definida, y un sistema social cuyas dinámicas internas, pueden explicar por sí mismas su evolución, mantenimiento o desaparición. Sin embargo no deja de ser un subsistema de otro mayor. De este modo, al ser un subsistema de otro mayor (¿y cuál no lo es?), está sujeto a tensiones que complican sobremanera la explicación del juego de fuerzas socioeconómicas que actúa en Andalucía. Es decir, que tensiones exteriores distorsionan la vía natural de la red tejida en torno a los lugares centrales, amenazando, como consecuencia, la identidad del territorio andaluz, el cual se convierte, al estilo colonial, en subsidiario de otras redes urbanas y socioeconómicas de la península.
La superposición de las redes urbanas, socioeconómicas, de comunicación y culturales, peninsulares, produce un dislocamiento de las redes andaluzas, con resultados imprevisibles para ellas. O no tan imprevisibles: la consecuencia puede ser el dislocamiento de las redes urbanas "naturales" por otras más poderosas (muchas veces políticas), que en el caso de la península ibérica pueden ser las creadas por los dos centros políticos principales: Madrid y Lisboa.
Un origen de las tensiones internas, dentro del sistema de ciudades andaluz, puede ser la manipulación externa que se hace del sistema de ciudades andaluz, alimentando la falsa idea de que el conjunto socio-económico y cultural, que se llama Sevilla, debe su progreso a malas artes o a ayudas externas, cuando es precisamente lo contrario. Y otro origen, aún más persistente y correoso, puede ser la persistencia en una parte apreciable de los andaluces y andaluzas, de la idea de que los bienes son limitados (idea propia de los pueblos de mentalidad folk -R. Redfield-) y opuesta la utópica de ciertos plutócratas de que el crecimiento no tiene fin (afines quizás a Keynes), que ignoran la posibilidad de un "crecimiento sostenible".
Ante estas dos actitudes enfrentadas, la alternativa sensata de la sostenibilidad, no tiene aún en Andalucía el apoyo debido, y andamos echándonos en cara lo que tiene el otro, creyendo, insensatamente (si creemos que los bienes no son limitados) que lo que el otro gano es porque nos lo ha quitado a nosotros. E aquí uno de los orígenes del posible cainismo andaluz.
sábado, 16 de abril de 2022
viernes, 15 de abril de 2022
Revista digital Córdoba flamenca
Esta revista digital nos ofrece interesante información sobre el flamenco; aquí ponemos uno de sus artículos.
viernes, 25 de marzo de 2022
sábado, 12 de marzo de 2022
Flamenco
viernes, 4 de marzo de 2022
Identidades concéntricas
Las personas solemos identificarnos con aquellas otras personas o cosas con las que establecemos un vínculo. A partir de esos vínculos se establecen las llamadas identidades, que consisten en incorporar a la propiedad rasgos que se le atribuyen a la identidad grupal a la que reconoce pertenecer.
Las identidades pueden, además, fraguarse en torno a un territorio (identidades locales o nacionales), a la consanguinidad (identidades familiares o tribales), a un oficio (gremiales), a unas creencias (religiosas), ideológicas, lúdicas, deportivas (en torno a equipos, clubs o deportistas en concreto...)...
Como es lógico, las identidades individuales se forjan en torno o a partir de la combinación de las diversas identidades a que se adscribe o lo adscriben a cada uno. Y además, con diferentes grados de intensidad en cada una de ellas.
Utilizando estas herramientas de análisis, podemos ver que en unas personas predomina más una identidad y otras otra. Como en los casos de las identidades étnica-familiar o en la territorial. Si son demasiado extremas las importancias de esas identidades en una persona concreta (podemos decir: hiperplasia de la misma), ello puede considerarse una patología personal y/o social (si es que en este último caso le ocurre a la mayoría de las personas de un determinado grupo social).
Hasta ahora hemos planteado algunas herramientas teóricas para entender las identidades:
- que las identidades son varias y pueden superponerse y
- que las identidades pueden tener intensidades diversas en cada persona.
A estas dos premisas añadiremos que:
- las identidades son concéntricas.
Esto último, quiere decir que se definen en capas, de mayor a menor proximidad. Por ejemplo, la identidad territorial o de vecindad es más fuerte con un territorio próximo y se debilita conforme la distancia física aumenta. La identidad es más intensa con los grados de consanguinidad primeros y se debilita en los sucesivos. Es más intensa mientras los rasgos culturales sean más parecidos y se debilita cuanto más se ajan. Es más intensa cuando la situación socioeconómica es similar y se debilitan cuando lo es menos. Es más intensa cuando el desempeño profesional es más similar y disminuye cuando los roles relacionados con la profesión van siendo más dispares. Es más intensa cuando los gustos estéticos son más similares y menos intensa a medida que se distancian del patrón de cada individuo, etc.
¿O deberíamos decir que todo eso ocurre cuando somos sensibles a la experiencia y vinculamos más nuestra identidad a lo que está más próximo, dejando para un segundo rango las abstracciones?
Hay un ejemplo que se pone frecuentemente: el de la cultura: hay una suerte de identidad en torno a la cultura más próxima, familiar o local, pero también hay identidades que se basan principalmente en lo general, la cultura en sentido general, antes que en los elementos culturales más próximos a la experiencia cotidiana de cada uno. ¿Es eso una aberración?, nosotros creemos que sí. ¿Es una aberración renunciar a encontrar los invariantes de las distintas culturas, que definan patrones comunes a todas ellas? También creemos que sí. Lo primero nos parece entreguismo, lo segundo campanilismo.
Con las identidades locales sucede algo parecido: a menudo se superponen los intereses de la agrupación superior, y a ella se supedita la más local: eso que se disfraza de nobleza, es una distorsión de los verdaderos sentimientos: es falso que se pueda sentir mayor vinculación más fuerte a lo más exterior de nuestra identidad, que a lo más interior; si así ocurre es porque una fuerte distorsión ideológica actúa como mecanismo de subordinación delas entidades más locales alas de orden superior: ¿quiere esto decir que no pueda darse el sacrificio altruista de una persona en pos del bien común?, no, no quiere decir eso, porque en ese caso es solo el individuo solo el que se sacrifica, en el otro ofrece como víctima otros, próximos a él.
- Las identidades sin inclusivas. Varias identidades pueden formar una identidad de rango superior, que aparece de modo emergente, a la manera de la Koiné griega (en la que la rabiosa "centricidad" de las ciudades-Estado se rompe con la identidad de la Hélade. Se oponen de este modo, en equilibrio inestable, "centricidad" versus "inclusión".
Transversalidad de las identidades
- identidad asumida
- identidad adquirida
- identidad adscrita