En bastantes ocasiones hemos oido distinguir entre antropología y folklore. Sin embargo, no tantas veces nos hemos encontrado con claras distinciones. Esto último ocurre quizás por no desearse polémicas retóricas, que conduzcan a caminos sin salida.
Pero es necesario aclarar, cual es la relación conceptual que existe entre los dos términos. Pues eludir esa aclaración, impide el progreso metodológico en estas ciencias.
Tal vez no fuera necesario establecer esa diferencia cuando nos referimos a las llamadas sociedades folk, ya que las sociedades folk se caracterizan por su simplicidad, aunque esa simplicidad se refiere solo a que están segmentadas sólo en torno a un rasgo cultural: por ejemplo, la consanguinidad (la más habitual), el género, los roles religioso-rituales... pero no oficios (porque implican una división del trabajo). En esos casos, la no diferenciación, de los elementos de la cultura, hace innecesario establecer entre ellos. Y, por lo tanto, folklore y antropología son, en estos casos, casi iguales.
Viendo la cuestión desde otro punto de vista: ¿La Antropología busca interpretar? como en teoría dicen que hacen las ciencias ideográficas? ¿o debe explicar?, como en teoría dicen que hacen las ciencias nomotéticas? ¿Ocurre lo mismo con el folklore? Quizás haya alguna diferencia entre ambas ciencias con respecto s esto, pero aquí vamos a atender a otro parámetro.
Ambas disciplinas parecen. interesarse por la cultura y por las sociedades. Sin embargo, el folklore es más superficial. Tampoco parece interesados en relacionar unos elementos con otros.
Desde este punto de vista, muchos de los trabajos antropológicos que salen contemporáneamente a la luz, son más folklore que antropología.
Así ocurre con las monografías que sólo hablan de género, de cultura del trabajo o de ritos o creencias, sin relacionarlos. Con otros aspectos de la cultura, son, a nuestro entender, más folklore que Antropología.l
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