Los contenidos de este blog van desde la Psicología a la Antropología, pasando por la Historia o la Pedagogía. Esta mezcla abigarrada de disciplinas y temas tiene para mí un sentido claro y este sentido es que todas ellas son ciencias sociales o humanas, intensamente interconectadas unas con otras, debido a que todas ellas tienen un común objeto de estudio: el ser humano. Aunque cada una de ellas tenga su propia metodología e instrumentos de trabajo y de análisis, que les otorgan su propia personalidad.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Las fuerzas que tensionan la campana de Gauss

     La llamada campana de Gauss es conocida también como la "curva de normalidad". Esta imagen es conocida por muchas personas, pero las posibles irregularidades algunas menos.

     En el ámbito de la educación, a veces nos olvidamos de una característica de ésta que es la curtosis; es decir el mayor o menor apuntamiento de la misma.

     Una vez que observamos esta característica, habría que intentar explicar los casos que se salen de la norma.

     ¿Por qué en algunos casos el tramo central aparece como aplanado, como si algo tirara de él hacia abajo?


     En Educación dos áreas en las que ese fenómeno puede aparecer: la de los rendimientos y la de las capacidades. Y no podemos sino considerar qué tipo de factores ambientales "tiran" de la curva hacia abajo, aplanándola. Expectativas de progreso, basadas o no en la educación, deficiencias del sistema educativo, déficits previo de formación, empobrecimiento cultural (culturas de la marginalidad o del rechazo indiscriminado...), entre otros muchos...

     En el caso de los tests de inteligencia es un problema de más difícil solución, puesto que requiere averiguar qué porcentaje de la variabilidad es atribuible a la "fuente de error" en que se constituyen los factores antes mencionados. Es decir, en el caso que nos ocupa, ¿a qué se debe la deformación de la curva de Gauss, no sólo en cuanto a una disminución de la curtosis o, más aún, el desplazamiento de la Moda hacia la izquierda, produciendo una clara asimetría?


     O, más aún, ya que sospechamos las causas que lo provocan (entre las que destacamos la alta contaminación cultural de los tests empleados o la alta desmotivación para hacerlos), lo que en realidad nos preocupa más de este hecho es qué porcentaje debemos atribuir a esta variable de error, para no tener que tirar a la basura los resultados obtenidos.

     Así pues, necesitamos ayuda de los estadísticos en este asunto. Mientras tanto tendremos que conformarnos con hacer un uso orientativo de estos resultados, o buscar en ellos unos buenos predictivos del rendimiento académico, debido a la presumible influencia de la motivación en los mismos.

     Lo que sí parece es que ese aplanamiento de la curva (curtosis negativa) parece deberse a una "fuga de datos" desde las posiciones centrales hacia la izquierda; es decir hacia los valores negativos de la curva. Como un vaciamiento, testimonio de que parte de la muestra que podría estar en valores centrales, se queda rezagada, a causa de ineficacia del sistema, que cuando no se identifica puede ser considerads como error estadístico.

     Lo anterior vale con respecto a los valores académicos, pero los resultados son aún más alarmantes con respecto al rendimiento en los test de inteligencia, ahí parece que lo que se ha desplazado no es la curva, pues ésta parece regirse por el principio de normalidad -más o menos- y tampoco tiene una excesiva o escasa curtosis; es que parece que lo que se ha desplazado hacia la derecha es el eje de ordenadas y todo esos valores de la curva se desplazan hacia la izquierda; es decir, hacia el lado de los bajos rendimientos

martes, 27 de septiembre de 2022

¿Qué es flamenco?

      Es una pregunta habitual, sobre todo entre quienes tienen interés en meter confusión respecto al flamenco.

     No debería haber confusión si partimos de la idea de dónde surge. Pero si mantenemos la actitud de darle la espalda a la Historia, en éste y en otros muchos temas, la explicación de su naturaleza se vuelve imposible.

     El flamenco surge como expresión. de identidad andaluza, sobre otras diversas bases culturales, y aprovechando, que en Occidente aparece el gusto por lo exótico. Gusto que, a su vez, es el resultado del redescubrimiento de oriente a finales del dieciocho y durante el siglo xix por parte de la llamada Europa occidental, para la que el próximo oriente ha dejado de ser una amenaza y, fruto de su decadencia, se va convirtiendo en zona destinada a ser colonizada. Es como si las potencias hegemónicas establecieran el permiso de acoger todo cuanto de exótico anduviera hasta entonces semioculto. Podemos explicar de este modo el surgimiento del majismo, que viene a ser como una expresión de identidad popular, que el poder establecido no percibe ya como una amenaza para su hegemonía, y que despierta cierta simpatía, entre los que están en la cima del poder.

     Así pues, el flamenco surge como una expresión de identidad largo tiempo ocultada, que tímidamente va volviendo a la luz, pero con formas distintas  a las iniciales.

     Por lo tanto, si el flamenco es en su origen una expresión de identidad, ¡por razón de qué no ha de seguirlo siendo, y, como consecuencia, ¿no es caso necesario decir, que si esa música que utiliza modos y técnicas del flamenco, si no hace alusión a esa identidad, no es realmente flamenco, sino una imitación, más o menos afortunada?

     Ahora bien, ¿qué identidad? ¿una identidad étnica?, en ese caso ¿qué etnia o etnias?, ¿una identidad territorial?, ¿qué territorios?, ¿una identidad nacional?, ¿qué nación?, ¿nación política o nación cultural?

     Respondamos como respondamos a esas preguntas, nos parece claro que si el que interpreta flamenco no se siente andaluz, bien por empatía o bien por identidad, lo que interprete no es flamenco: es una burda imitación.

     Pondremos un ejemplo para explicar más claro nuestro punto de vista: si un japonés o japonesa se siente andaluz cuando interpreta flamenco, eso creemos que es flamenco; pero un andaluz, cuando interpreta flamenco, y solo está interesado en su lucimiento personal, eso sólo es, desde nuestro punto de vista, la obra de un falsario esteticista.

sábado, 10 de septiembre de 2022

Sea payo o gitano, el flamenco es andaluz

     

     Hemos querido reflejar en este cartel nuestra convicción de que el flamenco es andaluz y su naturaleza es tanto "paya" como gitana. Como ejemplo, hemos querido recordar al matrimonio formado por Pepe Pinto (payo) y por Pastora Pavón (Niña de los peines) que  era gitana. Los dos, estupendos cantaores del barrio de La Alameda de Hércules, de Sevilla, en la primera mitad del siglo XX.


O, si queréis imprimirlo:



 

martes, 23 de agosto de 2022

La ciudad prohibida

     Recordando el conocido apelativo otorgado al conjunto palaciego de Beijing, nos preguntamos si en Sevilla no habrá también algo así como una ciudad prohibida.

     El primer pensamiento se nos va a la gentrificación, pero sospechamos que se trate algo diferente.

     En numerosas ocasiones he observado que las líneas de autobuses que van a los barrios periféricos suelen vaciarse en la ronda de circunvalación intermedia: la Ronda del Tamarguillo.

     Hace poco les pregunté a unos adolescentes que cuál era la torre más famosa de Sevilla, y después de pensarlo mucho me dijeron que la torre Pelli.

     Después de recobrar el aliento tras esta respuesta, intentaremos explicárnosla. Si es que se puede...

     En Sevilla no existe, desde luego, ningún tipo de apartheid, entonces ¿a qué se debe ese comportamiento?

     No obstante, a pesar de que nos sorprenda esta automarginación, a veces encontramos posibles causas: hace poco nos comentaba una alumna de máster universitario, residente en Tres Barrios (Las Candelarias, Los Pajaritos y Madre de Dios), que en una ocasión intentó hacer uso de la Biblioteca del distrito de Nervión y le espetó alguien del personal de esta Biblioteca que ella debía hacer uso de la de HYTASA, que le quedaba bastante más lejos. Como se suele decir: una golondrina no hace verano, y esperamos que fuese "sólo" un caso de indolencia laboral o claros prejuicios personales

     El extrañamiento de ciertas partes de la ciudad para parte de sus ciudadanos se parece más a la interdicción de los Sancta Santorum. No porque haya una interdicciôn real, sino porque se está ante la reserva que produce lo desconocido.


En la página http://midiariourbano.blogspot.com/2011/09/la-imagen-de-la-ciudad-segun-kevin.html?m=1 hemos encontrado esta gráfica representativa de la teoría de Kevin Lynch.

     Con ella quizás podamos explicanos mejor la diversidad que hay en  los comportamientos de las personas en el interior de las ciudades. Podemos entender, por ejemplo, que cualquier elemento del paisaje tiene multitud de significados, y que lo que para unos es un borde, para otros puede ser un hito o un nodo.
     Quizás ocurra que esos muros invisibles son el reflejo de las distintas dinámicas que se desarrollan en las ciudades, las cuales hacen que lo que para un grupo social es un límite, para otros es una senda (como en el caso que estamos viendo).
     De modo que los roles que desempeña cada ciudadano en esta sociedad tan segmentada, hacen que estos se representen a sí mismos los espacios sociales de una manera que les veda unos y los invita a utilizar otros.

sábado, 4 de junio de 2022

Civilización, cultura y costumbre

      Se podría decir que por Andalucía han pasado distintas civilizaciones, pero se ha mantenido una misma cultura. Siendo optimistas, desde luego. También podríamos decir que dentro de esa misma cultura se podrían distinguir distintas "costumbres".

     Acaso podría decirse que lo de las civilizaciones es cosa de la Sociología y lo de las culturas de la Antropología. Pero eso sería una simplificación. Porque de las civilizaciones también se ocupa la Historia, la Filosofía, la política...

     Por otro lado, nos preguntamos si ese transitar de las culturas, a través de las civilizaciones es exclusivamente andaluz o si se da en otros lugares. Posiblemente sea de esta última manera, porque las culturas suelen estar más apegadas a sus entornos, aunque estos cambien mucho, están más protegidas que las civilizaciones, de los vaivenes que produce la historia.

     Y continuando con el desarrollo de nuestra idea, podríamos decir que, actualmente, la cultura andaluza, tiene dos costumbres: la paya y la gitana. y si con el devenir del tiempo, alguna otra etnia se integrara en nuestra cultura, lo ideal sería que esa costumbre no fuera ni excluida ni excluyente.

     De cualquier modo, parece que la cultura tiene más que ver con la identidad, mientras que las civilizaciones tienden a ser más alienantes, porque en su proceso de expansión, arrasan las identidades, y, por lo tanto, son despersonalizadoras.


Diferencias entre civilización, cultura y costumbre

     Aparentemente, las únicas diferencias entre cultura y costumbre son superficiales. Luego, en la práctica, son las diferencias en las costumbres de payos y gitanos, las que más dificultades provocan, para la convivencia ¿son éstas entonces las que definen la identidad?

     Claro que estos razonamientos tienen sentido cuando nos referimos a una cultura genuina; es decir, tal como lo entendemos nosotros, cuando esa cultura es producida por los mismos que la producen: son copartícipes.

   Acercándonos al terreno de lo práctico, ¿hasta qué punto pueden modificar los gitanos su "costumbre"  sin dejar de ser ellos mismos?, ¿hasta qué punto pueden hacerlo los musulmanes sin dejar de serlo? ¿y los andaluces podemos continuar siéndolo al dejar nuestras costumbres inveteradas?

     O lo que es lo mismo, ¿tiene un gitano que tener fiestas hasta las tantas para seguir siéndolo? ¿tiene una mujer musulmana que llevar velo para seguir siéndolo? ¿tiene un andaluz que ser capillita de manera ineluctable?

     ¿Existen costumbres prescindibles, a las que podamos evitar, en aras de una mejor convivencia entre etnias de un mismo país?

     También nos preguntamos si es la costumbre lo que hace distinguir a una etnia de otra, en el supuesto caso de que pertenezcan a una misma cultura.

     Nuestro antiguo profesor, Esteva Fabregat, venía a sugerir que las etnias eran el germen de las naciones. Creemos que pensar eso puede llevarnos a laberintos como el palestino. Estas premisas nos parecen reduccionistas: confunden el nivel político de la realidad con el antropológico, induciendo a veces al secesionismo, en lugar de a la convivencia.

     Reduccionismo éste, que pretende que todo lo referente al ser humano, es política, y el cual es  bastante común, pero no menos común que su contrario: la negación de la política, que suele coincidir con el autoritarismo.

     El reduccionismo político, procura manipular las identidades: culturales, étnicas... con argumentos pretendidamente universales; el negacionismo político simplemente iguala cultura y etnia (o raza, en el peor de los casos) y sólo concede su derecho a existir a la cultura o etnia dominantes.

     También podemos preguntarnos qué diferencia hay entre etnia y cultura. Ya hemos supuesto que la segunda puede incluir a varias de las primeras, pero esa es una afirmación que precisa de su correspondiente demostración.

     Si analizamos algunos casos concretos, podremos entender mejor las diferencias entre estos conceptos:

     Por ejemplo, en el caso palestino coexisten dos civilizaciones: la occidental (a la que se han acogido -en un tiempo relativamente reciente- los defensores del Estado de Israel) y la islámica, además de la comunidad cristiana, de compleja adscripción. No se puede decir que haya una única cultura en dicho Estado, aunque sí parece que hay coincidencias en muy diversas costumbres.

     Podemos considerar que un grupo de personas, que son portadores de una misma cultura, pertenecen a ella porque son protagonistas de una serie de "productos" culturales (lengua, costumbres, música, etc.), que en sus mentes o en las de otros están relacionados. A ese grupo de personas lo llamamos etnia, y en las sociedades complejas, es interclasista; es decir, puede atravesar todos los segmentos de una "unidad social": Pero en estos casos, como en el andaluz, los miembros de una etnia, tal vez no sea necesario que compartan una cultura completa, sino algunos de sus productos. Y pueda que esa afirmación valga casi para cualquier etnia.

     Podemos compartir algunos valores éticos básicos como el espíritu abierto, pero diferenciarnos hasta en los tipos de profesiones. Coincidir en ciertas costumbres como las de procesionar las imágenes religiosas, pero no en la "prueba del pañuelo", dar un papel importante a la música, pero no exactamente a la misma. Viendo todas estas peculiaridades, vamos abandonando paulatinamente un concepto monolítico de cultura, y lo sustituimos por otro más flexible, que facilita la convivencia.

     Otro caso aparentemente complejo es el belga: un país cuyas dos culturas, según lo que podemos percibir desde nuestro entorno, las cuales podemos considerar pertenecientes a la civilización occidental, si bien una más próxima al mundo francófono y la otra al germánico. Cada una de estas culturas vinculada a una etnia, con una historia particular (real o percibida) y con costumbres que, desde aquí, intuimos diferentes entre sí. Sin embargo, las "mors maiorum" comunes ambas etnias, deben jugar un papel cohesionador aquí, a pesar de las diferencias interétnicas.  Como quizás ocurra en Canadá.


¿Qué es una civilización?

     En principio, cabría decir que una civilización es un conjunto de culturas, que tienen en común una religión, unas ideas, un sistema económico, determinadas costumbres... todas estas cosas, o sólo algunas de ellas. Pero de este modo podemos caer en algún tipo de reduccionismo: o antropológico o sociológico, porque podría afirmarse con estos planteamientos que las civilizaciones son agrupaciones de culturas, o que las culturas son sub-civilizaciones, dependientes de una civilización superior.

     Pero entonces, ¿qué sentido tiene nuestra afirmación de que por Andalucía han pasado diversas civilizaciones, pero se ha mantenido, en cierto sentido, una continuidad cultural? Resulta imposible responder a esa pregunta, si no abandonamos decididamente el reduccionismo socio-antropológico.

     No obstante, si prestamos especial relevancia a la costumbre en este análisis, pudiera parecer que volvemos al folklorismo; pero la realidad es que es preciso documentar los rasgos que definen a las culturas (¿cómo si no?).

viernes, 3 de junio de 2022

Cante liviano, cantes festeros y "flamenquito"

      ¿Significan lo mismo las tres expresiones? Desde luego, por lo que respecta al uso del lenguaje, no.

     La expresión cante liviano es la más clásica, y se formula en oposición a lo jondo; es decir que es más superficial y se dirige menos al sentido profundo de las cosas, aunque eso, en muchas ocasiones, es más aparente que real, pues en el cante liviano suelen encontrarse también reflexiones profundas. Se suelen referir a alegrías, tanguillos, fandanguillos, tientos-tangos...

     Los cantes festeros, por otro lado, pueden ser algo parecido, haciendo énfasis en su carácter festivo. Generalmente se hace mención con esta expresión a bulerías, zambras, tangos, rumbas...

     El "flamenquito" parece otra cosa: en Andalucía solemos utilizar el diminutivo como forma cariñosa. Pero también puede ser una forma de quitar importancia. Suele utilizarse esta expresión cuando se trata de un cante con poca exigencia, destinado a relajarse sin más preocupaciones. Pero ocurre que flamenco sin exigencia parece algo antitético a flamenco. No tener exigencia, ¿no nos lleva a la adulteración? Suele ocurrir.

     Así pues, según estos razonamientos, si la expresión "flamenquito" conlleva un matiz cariñoso, ello comporta abrir la puerta a la adulteración; como así ocurre en la realidad.

     Aunque tenemos nuestra opinión, no vamos a decir aquí quienes creemos que adulteran el flamenco, porque no somos crítico, sino antropólogo, y no sabemos tanto como para poder señalar a quién adultera el flamenco, pero dejamos señalado el dilema; que cada aficionado decida.

    Sin embargo, sí podemos apuntar algunos criterios acerca de la calidad del flamenco: porque no todo vale. El primer criterio puede ser el compás, el segundo la entonación, el tercero la sencillez y el cuarto el aliento poético. Ahí es nada.

     Otra forma de establecer distinciones entre unos cantes u otros son las expresiones "cante grande" y "cante chico", con parecidas connotaciones a las anteriores, pero en este caso decantándose el hablante por otorgar mayor importancia de algunos cantes sobre otros.